Llevas tiempo poniendo las necesidades de los demás antes que las tuyas para sentirte segura. Puede que te cueste decir que no, poner límites o hacer algo que sabes que puede decepcionar a alguien. Y quizá no lo haces porque no sepas lo que quieres, sino porque has aprendido a sentirte más tranquila cuando todo el mundo a tu alrededor está bien contigo.
El problema es que vivir pendiente de no molestar, no decepcionar o no generar conflicto puede hacer que, poco a poco, te desconectes de lo que tú necesitas y que tu autoestima dependa demasiado de sentir que los demás están bien contigo.
Es un patrón aprendido, no una parte inamovible de quién eres. Lo que aprendiste para protegerte también puedes aprender a hacerlo de otra manera
Este resultado es un punto de partida, no un diagnóstico.